lunes, 16 de febrero de 2015

La niña de mis ojos

Foto: J. Teresa Padilla


Por J. Teresa Padilla

Ya sé que la he llamado bruja alguna vez. Y qué, digo yo. Desde que leímos en este blog la primera entrada de Marisa, ser una bruja se ha convertido en toda una declaración de intenciones. Es, que duda cabe, un buen proyecto de futuro que promete independencia y fuerte personalidad. Lo que todos hubiéramos querido para nosotros mismos y ahora para nuestros niños, especialmente para las niñas, porque, para qué vamos a engañarnos, la presión sobre ellas sigue yendo en ocasiones en dirección contraria. ¿O tenemos que fingir que de verdad niños y niñas crecen y se educan en la igualdad? Sí; deben, como ellos, formarse para llegar a ser alguien (profesional y económicamente), pero, a la vez...

Mi niña es, ya os lo advierto, mucha niña. ¿Que entiendo por tal? No lo sé muy bien, pero algo así como un sujeto menor de doce años con más de dos o tres temas de conversación posibles y que está deseando crecer (en los niños no veo nada clara ninguna de estas dos cosas). Mi niña es mucha niña de por sí, pero la cosa llega a la caricatura cuando se encuentra entre las suyas: sus amigas y compañeras de clase. Entonces el tema asusta y empiezas a sospechar la existencia de algún tipo de posesión colectiva por parte de esos monstruitos peinados como cuarentonas recién salidas de la peluquería que deambulan por Disney Channel.

Pero voy a quitar esta imagen de mi mente, porque ésa no es mi niña. No sé quién es exactamente ni la quiero conocer. Me basta con que se esfume una vez disuelto el grupo infantil. En ese momento, no sé si respirar aliviada por la capacidad de adaptación que esta súbita metamorfosis demuestra o preocuparme por su potencial fagocitador.

No. La niña de mis ojos ni es rubia ni ha pisado nunca una peluquería. Ni falta que le hace, aunque, a decir verdad, ella se muera de ganas. Pero es que debe ser la única que no se da cuenta de lo guapa que es. Sobre todo cuando es feliz, porque no he conocido a nadie tan expresiva como ella y tan capaz de transformar su rostro entero para expresar la alegría, la pena, el enfado (que puede llegar con enorme facilidad a la ira más furibunda) y cualquier otro sentimiento que la posea. Porque lo que siente en cada momento (bueno o malo), lo siente con todo su ser. Antes de ser capaz de enderezarse y poder siquiera con el peso de su cabeza, ya sufría (o disfrutaba) de incontrolables ataques de risa. Las carcajadas de aquel casi recién nacido causaban perplejidad en el entorno familiar, tan discreto y bien educado. No tuve más remedio que adorarla.

Todo para ella es una aventura digna de vivirse hasta el final. Aunque algo miedosa y precavida, superar sus temores es todo un reto que afronta con obstinación. Capaz de dejarnos a todos atrás subiendo una montaña, de sumergirse en piscinas naturales heladas hasta adquirir un preocupante tono azulado, de gritar de emoción en una vertiginosa atracción de feria, pero también por el traqueteo de los últimos asientos del autobús o los tumbos del coche en los baches o los cambios de rasante. Capaz también de llenar en un instante su rostro de lágrimas (cualquier contratiempo es una auténtica tragedia que las merece sin lugar a dudas) o de encenderlo de ira.

Si le das a elegir una película, la pondrás en el aprieto de tener que decidir entre sus dos pasiones: las batallas con espadas (o sea, cualquiera de la saga de La guerra de las galaxias o de El señor de los anillos) y las princesas, Frozen para ser exactos, opción esta última que ofrece además la nada desdeñable ventaja de servir para torturar a su hermano. Como cualquier otra decisión, ésta puede demorarse horas y horas.

También es verdad que el cálculo y los problemas se le atragantan a veces y que la ortografía es un juego de azar en el que no suele tener su día, pero, como nos recordó Billy Wilder, “well, nobody’s perfect”.

¡Que nadie logre cambiarte nunca, niña!

2 comentarios:

  1. Muy bonito, Teresa. Pero eso de que no has conocido a nadie tan expresiva como ella, no sé... ¿Tú estás segura? Porque a mí me recuerda claramente a alguien...

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